La muñeca de mamá

18 Feb

Nunca se ha caracterizado por ser muy expresiva, un “te quiero” difícilmente sale de su boca, mucho menos lo escribe, piensa que las cartas con el tiempo pueden ser usadas en su contra, pero de una u otra forma siempre nos ha demostrado su amor.

Aún siendo una niña, desde hace casi 26 años, su vida ha estado completamente dedicada a su muñequita, a quien vestía tres veces al día para que todo mundo la viera impecable y hermosa, a quien defendía cuando sus primos no querían jugar con ella, a la que consentía a tal grado que todos la llamaban berrinchuda y caprichosa, a la que protegía del mundo entero.

Todas las noches, antes de que su muñeca se durmiera, elegía un cuento, lo narraba y en muchas ocasiones lo actuaba, sobre todo “el manomono”, que hasta hoy nunca le he preguntado si lo inventó o fue uno de esos cuentos que se trasmitieron de generación en generación.

Su amor siempre fue incondicional a pesar de los berrinches, los pleitos y, en ocasiones, las faltas de respeto; siempre estuvo dedicada a su muñequita. A cambio de su entrega se conformaba con escuchar un “mami, te quiero mucho”.

Desde que su muñeca apareció en escena nunca volvió a saber lo que era dormir sola, tenía que recostarse a su lado, entrelazar sus piernas con las de esa pequeña que apenas alcanzaba a tocar sus rodillas con la punta de sus piecitos fríos.

Su cabello rizado, su mirada penetrante, su silueta perfecta, su carácter fuerte e imponente, su piel impecable, su tono agradable y chistoso, y su aroma de ángel, como ella misma describe, siempre llamaron mi atención, soñaba con ser como ella cuando fuera grande, en ocasiones robaba alguna de sus prendas, incluso, cuando se iba de viaje, aprovechaba para usar sus zapatillas, su maquillaje, y jugar a ser grande.

Madre y padre a la vez, se las ingenió para que nunca le faltara nada a su muñequita. El vestido más lindo de la tienda, moños de todos colores para combinarlos con sus distintos atuendos, la barbie de moda, el juego de té, las pinturas, el resorte, la cuerda para saltar, los accesorios de Kitty, los raspados del malecón, la mochila distinta cada inicio de ciclo escolar, los dulces gringos recién llegados a Culiacán, los “suspiros” de la Casita de Chocolate, las polly pockets, todo, todo lo que la pequeña deseaba, ella se lo daba. ¿Cómo? aún no lo entiendo.

Poco a poco esa muñeca se fue convirtiendo en mujer, en una princesa que nadie podía tocar. Sí, berrinchuda, caprichosa, vanidosa, pero a la vez  sincera, entregada, confiada y feliz, muy feliz. Sus exigencias fueron cambiando: el nuevo aparato para hacer ejercicio, la ropa de moda, el cd de su artista favorito, maquillaje, bolsas, zapatos, muñecas, zapatillas, el menú especial de dieta, el jamón especial, chocolates, barritas, viajes, permisos… y todo se lo siguió cumpliendo.

Desvelos, lágrimas, enojos, dolores de cabeza formaron parte de su vida durante la adolescencia de su princesa rebelde, pero con los años, sólo puedo decir que valió la pena y espero que para ella también. Hoy, esa princesa no sería quien es actualmente, con errores y defectos, pero también con muchos aciertos y virtudes.

Muchas ocasiones me quejé de su carácter, de su exagerada atención; quería salir huyendo de su casa o enviarla de vacaciones a un lugar lejano, desértico, así podría relajarse, descargar su estrés cotidiano y regresar lista para aguantar de nuevo todo lo que representaba ser ama de una casa de locos.

Hoy ya no estoy con ella, la veo pocas veces debido a mi trabajo (cosa que en ocasiones no entiende). Llego a su casa y es chistoso ver cómo, justo ahí, el tiempo parece detenerse. Mi hermana dedicada a su novio, mi hermano a la música, la más pequeña a su mundo de princesas, y ella, entregada a sus hijos, a su casa.

Han pasado casi 26 años y su vida sigue siendo igual, su prioridad seguimos siendo nosotros y, aparentemente, nadie se da cuenta; mis hermanos no lo agradecen y mi papá menos, pero con el tiempo, estoy segura que agradecerán su entrega, su amor y dedicación; agradecerán el que haya sido madre de tiempo completo.

Hoy la extraño, me hace falta su presencia, su cama siempre impecable, sus palabras, sus regaños, sus consejos; extraño llegar a casa y escuchar “¿ya comiste? ¿qué vas a comer?… simplemente hay días como hoy en que necesito a mi mami…

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8 comentarios to “La muñeca de mamá”

  1. Anonymous 18 febrero, 2010 a 9:30 PM #

    nadie sabe lo que tiene hasta que …le hace mucha falta… lo bueno es que esa sensación te permite darte cuenta de la importancia real de las cosas en tu vida, y sobre todo, en tu corazón, las madres son el mejor regalo de Dios, representan el amor puro e infinito, son sencillamente una bendición… lindo blog! un beso!Arely Núñez!

  2. In phidelio 18 febrero, 2010 a 10:33 PM #

    Hoy llueve y mucho. No es un aguacero, pero es la lluvia suficiente para recordar. Lo que dices lo entiendo perfecto. El amor de madre no creo que sea superado por nada. Y eso que ni soy mujer ni podré ser madre jamás. En lo poco que las he visto juntas, si bien no percibo abrazos cada dos segundos, también me queda claro que hay siempre maneras de decir: "necesito verte". Y sé que tu madre necesita verte, que estés ahí, no importa qué hagan. El amor maternal y el amor de hija se palpan. En la cocina, en la sala callada, en los techos altos, en las habitaciones de una casa que llegué a conocer quizá ya tarde, pero que mantiene un calor de hogar que no podría explicar. Sólo sé que hay calor, y mucho. También silencios (subrayo el plural). Felicidades por tu madre, felicidades por tu hija. Ha valido la pena.La parte que más me gustó: "…los raspados del malecón, la mochila distinta cada inicio de ciclo escolar, los dulces gringos recién llegados a Culiacán, los "suspiros" de la casita de chocolate, las polly pockets, todo, todo lo que la pequeña deseaba".

  3. Lore 18 febrero, 2010 a 10:57 PM #

    Nadie sabe lo que tiene… hasta que comienza a valorarlo al jugar el mismo rol y darse cuenta del enorme amor de mamá… nadie sabe lo que tiene hasta que un día amanece en tus manos una princesa que te motiva a darle no menos de lo que te han dado y te motiva a ser mejor ser humano día con día… nadie sabe lo que tiene hasta que al convertirte en madre sabes que el amor que te motiva a vivir para tus hijos es incomparable… me sacaste las lágrimas y me hiciste recordar a la mía y ahora más mi rol de madre…

  4. MaRu 19 febrero, 2010 a 12:04 AM #

    NaDiE SaBe Lo QuE SiGnIfIcA El AmoR De UnA MaDre HaStA QuE Se Va Al CiElo… AhOrA QuE Aun EsTa CoN UsTeDes La SuYa… AcTuEn Y DeMuEsTreN En aCCioNEs Su AmoR POr EllA…

  5. Gonzalo P. B. 19 febrero, 2010 a 12:45 AM #

    Por lo que me tocó ver aquel día que regresamos de un viaje (los cuatro) vi la molestia, el enojo, la frustración de las dos… Eso siempre va a suceder, pero nunca va a poder rebasar lo que sienten, lo que se aman, lo que se dicen y lo que lloran. Tu madre la tienes aquí, ella te tiene a su lado SIEMPRE, en su mente. Ningún enojo, vale la pena para separarse (las madres son lo mejor de este mundo!!!! (por lo menos la mía fue mi mejor amiga), al contrario, eso sirve para saber un poquito más como son, lo que necesitan, lo que nuevo por aprender de las dos.Todo pasa por algo, pero sí pasa algo, que sirva para conocerse mejor y que nunca se corte aquel cordón que las unió el primer día que ella fue tu mamá y tu su hija.GAP

  6. Mafer Gómez Pettersn 19 febrero, 2010 a 6:02 PM #

    Muy lindo princess. Y si efectivamente hay días en que simplemente necesito a mi mami. Ese ¿que te pasa?, ese ¿ya comiste?, y saber que puedes dejarte recaer en ella, aunque sea un rato, por que siempre será tu mamá. Esa que aunque hemos dado la vuelta sigue en su mismo sitio, esperando, añorando y siempre esperando que regresemos al nido.besos. y felicidades x este blog

  7. Alexati 19 febrero, 2010 a 11:37 PM #

    dioooooos, creo q en este instante ire con mi mama, no lo pudiste escribir mejor, casi lloro la verdad, no hay como la familia, y las mamas son ayy nose, solo puedod ecir q quiero tanto a la miaun besito jane!

  8. OJo eSpí@ 25 febrero, 2010 a 2:38 AM #

    Ustedes se comunican de manera distinta, con palabras de amigas que han superado juntas las adversidades y que se han entregado y divertido como pocas madres e hijas. Felicidades por hablarlo, aunque te cueste, y, más, por compartirlo. Un beso

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