Nació una princesa

8 Feb

Hoy, hace seis años, llegó a mi vida una niña que revolucionó mis días. Cuando nos enteramos que venía en camino, mi reacción no fue la más favorable, ‘¿un bebé a esta familia?’ .. parecía un mal chiste. Cada uno de los habitantes de la casa era dueño de su tiempo, espacio, volumen de estéreo y voz, era inconcebible que un sexto integrante en la familia.

A los pocos días, el doctor lo confirmó. “No estás embarazada, estás muy embarazada”, le dijo a mi mamá. A partir de ese momento, adopté a ese pequeño ser que crecía en el vientre de mi madre y acepté que mi vida no volvería a ser la misma.



Cerca de los tres o cuatro meses, fuimos al doctor para que nos dijera el sexo del bebé. “No lo puedo confirmar, pero creo que es niño”, expresó el médico. Acto seguido, etiquetamos el video y le pusimos el nombre que, unánimemente, habíamos seleccionado para el pequeño. Yo, más que feliz, seríamos dos niñas y dos niños en casa, balance perfecto.


Conforme crecía la panza de mi mamá, más me enamoraba de ese ser que se movía en cuanto escuchaba mi voz o la de su padre. Cuando la reina tenía siete meses de embarazo, Mafer, mi papá y yo la acompañamos al ultrasonido 3D, todo un hallazgo tecnológico para ese entonces.


Mafer y yo esperamos en la sala, hasta que salió la doctora y me pidió que entrara. A los pocos minutos de estar ahí, la señora exclamó “pues sí, es una linda princesa”. “¿Que quéeeeeeeeeeeeeeeee?”, pensé, “la única princesa en esa casa soy yoooo, eso debe ser un grave error”. Mi cara dijo más que mil palabras, pero aún así, expresé mi inconformidad. Pocos segundos después, “mini me” me saludó a través del monitor del consultorio, lo que me dejó sin voz.


Antes de los nueve meses, asimilé que a partir de febrero, iba a tener que compartir mi trono, así que lo digerí, lo acepté y comencé a pensar en el nombre que quería para la pequeña, que más que rival, debía ser mi aliada. Todos opinamos, llenamos una hoja con diversas opciones de nombres, unos extraños otros no tanto; votamos, discutimos y decidimos: Naomi.


Le organicé el típico babyshower a mi madre, fuimos de shopping a EU para comprar lo necesario, ideé todo los gestos, muecas y actitudes que le iba a enseñar para que fuera una digna princesa, y dejamos todo listo para la llegada de la niña, quien se había convertido en la nueva esperanza, ilusión y alegría del hogar, aún sin haber visto la luz.


“Hija, saca la ropita de la niña de la secadora, tráeme la maleta que dejé en la recámara, mete la bata, las pantuflas y los mamelucos; busca la cámara, llámale a tus tías y a tu abuela y vénganse al hospital, Naomi va a nacer”, escuché al levantar la bocina del teléfono. Me quedé pasmada unos segundos, no lo podía creer, aún no era tiempo, mi mamá sólo había ido a una consulta y mil ideas pasaron por mi cabeza hasta que reaccioné, tomé el teléfono y mientras llamaba a mi abuela y le daba la noticia, corrí a la secadora para guardar las cosas.


Llegamos al hospital y justo alcancé a ver a mi mamá en la camilla cuando iba hacia el quirófano, le entregué la cámara a mi papá, le di un beso en la frente a la reina del norte, le dije que no se preocupara y me fui a la habitación a esperar, la mayor espera de mi vida, hasta hoy.


Horas después, mi papá salió para decirnos que todo estaba bien y nos mostró la primera imagen a color de “mini me”. “Es igualita a mí”, dije. “Es idéntica a mi hermana”, agregaron mis hermanos, a lo que mi papá sólo sonrió.




Difícil describir la alegría de toda la familia al ver a la pequeña con cara de ángel. Habíamos elegido el nombre correcto, “encanto y dulzura” era lo que irradiaba.


Al día de hoy, cada vez encuentro más similitudes entre su forma de ser, actuar, pensar y sobre actuar… y la mía. Como dice mi madre, si hubiera sido mi hija, no se parecería tanto a mí. Hoy, la amo con todo mi corazón, al igual que a mis otros hermanos. Hoy, sus ocurrencias son la razón de muchas de nuestras sonrisas; sus preocupaciones, las nuestras; sus deseos, nuestras órdenes; su felicidad, la nuestra; sus caprichos, nuestro coco; sus bromas, nuestras carcajadas; su compañía, el mejor regalo.


Feliz cumpleaños a la niña más hermosa del mundo, quien con los años ha demostrado que la corona le quedó justo a la medida.


Feliz cumpleaños, ratita, te amo.

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4 comentarios to “Nació una princesa”

  1. In phidelio 8 febrero, 2011 a 6:53 PM #

    Indescriptible y muy feliz cumple a Naomi, a quien tuve la oportunidad de entrevistar hace como 1 mes.Esa sensación de ver a un bebé la he tenido dos veces: con mi hermano Alex y con mi sobrina Reni. Vaya momento, de esos que no se pueden expresar.Larga vida a las princesas. Un besote.

  2. ANDREA 9 febrero, 2011 a 3:15 AM #

    Mi hermana chuca cambió mi vida de muy diversas maneras. asi que entiendo muy bien tu sentir. Felicidades a la celebrada.

  3. Asesino De Leyendas 9 febrero, 2011 a 3:59 PM #

    Pues mil felicidades a la nenita, como papá de un nene de 5 años, sé exactamente lo q se siente tener alguien a tu lado y que te llame "papá", por el momento parece ser que soy su héroe (claro, en la lucha ha entrado el Capitán América, Hulk y Ben 10) ja!Saludos

  4. M a r u 24 febrero, 2011 a 8:27 PM #

    Que bonita experiencia. Cuando mi hna menor nacio, yo tenia 10 años, y recuerdo perfecto ese momento,fue una sensacion bien bonita.Pero aun esta por venir un momento que ese si sera dicifil de describir, que se siente dentro del alma,bueno tu sabes.saludos princesa No. 1

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