Maternidad y trabajo

29 Dic
Cuando inició mi periodo de incapacidad por maternidad y antes de que naciera mi hijo, había dos cosas que ocupaban mi cabeza. Uno, imaginar el día de su nacimiento y pedir, con todas mis fuerzas, que todo estuviera bien, y la otra, pensar en qué haría con el trabajo.

Por un lado, la parte profesional es muy importante para mí, ya que necesito sentirme activa, productiva y, no menos importante, ser independiente económicamente. Por el otro, mi mayor sueño, desde que recuerdo, era convertirme en madre, tener una familia, educar a mi hijo de acuerdo a mis principios e ideales, disfrutar cada uno de sus logros y etapas de desarrollo, y pasar tiempo de calidad con mi marido.


A mi parecer, esa es una de las grandes preocupaciones de las mujeres que trabajamos y que, además, queremos formar una familia. Respeto a quienes por decisión o necesidad dejan a sus hijos en una guardería, pero si algo tenía claro es que no quería que Bam Bam fuera niño de guardería. Yo no lo fui, mi esposo tampoco, quizá por eso no dejé ni la mínima posibilidad para esa opción.

 Me sentía como adolescente recién graduada que no sabe ni qué quiere de la vida, pues, desafortunadamente, en México son pocas las empresas que permiten un “home office” u ofrecen algún plan laboral especial para madres, y sumado a los pocos días de incapacidad posparto que nos da el seguro, da una pésima combinación.

Mi marido me planteó la opción de tomarme un año sabático o el tiempo que yo decidiera, me ofreció su apoyo y un hombro cada que me soltaba a llorar por no saber qué hacer; sin embargo, eso no era suficiente en esos momentos de angustia, de incógnitas e interrogantes. Incluso, he de confesar que en ocasiones sentía rabia al pensar que él no tenía nada que cambiar en su vida profesional porque los hombres no se enfrentan a esa disyuntiva, o por lo menos no la mayoría.Así pasaron las primeras tres semanas de mi periodo de incapacidad. Tirada en la cama o en el sillón, porque ya no me dejaban andar en la calle, comiendo paletas de hielo o raspados, mi adicción durante el embarazo, e imaginando alternativas de vida.

Cuando nació Bam Bam, las cosas se complicaron aún más. Sólo quería tenerlo en mis brazos, contemplarlo y besarlo. Me parecía tan frágil, tan pequeño, tan dependiente de mí, que me ponía a llorar tan sólo al pensar que, si así lo decidía, en 45 días debía regresar a trabajar. ¿A quién se le ocurrió fijar ese límite de tiempo? ¿quién, en su sano juicio, cree que un bebé está listo a los 45 días para separarse de su madre?

Los días transcurrían, estaba en cuenta regresiva. El cansancio era inminente y pese a que tenía una enfermera a mi disposición, ni un solo día acepté dejarla a cargo de Bam Bam unas horas para que yo pudiera descansar. Claro que me arrepentí meses después, cuando el cansancio me pasó la factura.

Una semana antes de que concluyera mi incapacidad, le mandé mensaje a mi jefa para decirle que quería hablar con ella y con el coordinador del área, y quedamos de vernos el siguiente miércoles. Para ese momento, aún no sabía qué decisión tomaría. No tenía a alguien de confianza para que cuidara a Bam Bam. Mi mente era una telaraña que cada día se enredaba más. Mis sentimientos estaban a flor de piel.

En mi desesperación, se me ocurrió escribir en fb “¿Alguien conoce a una niñera de súper confianza?” y las respuestas comenzaron a caer, desde el típico comentario que decía “suerte, ojala la encuentres” y en ese momento no te hace más que enojar hasta los que me recomendaban meterlo a una guardería. ¿No había sido clara? NO busco guardería, busco NANA, pensaba, hasta que recibí un mensaje, como caído del cielo, del mejor amigo de mi marido. “Mi mamá, se ha dedicado a eso por años, tiene toda la experiencia, te paso sus datos y habla con ella”.

Le hablé, platiqué unos minutos con ella y me bastaron para saber que sería la elegida. No podía haber encontrado a una persona mejor. Me inspiró toda la confianza, me transmitió seguridad y me tranquilizó un poco. Así que pensé en un par de propuestas de planes de trabajo y me preparé para mi cita.

Me levanté temprano, me alacié por primera vez desde que nació Bam Bam, me puse la maravillosa faja que me compró el marido, le encargué a Bam Bam a mi mamá y me dirigí a la oficina. Cuando entré al periódico, sentí los mismos nervios que la primera vez. Me senté en la sala de juntas con ellos y les planteé mi opción. No tenía nada que perder, si no les funcionaba mi propuesta, me quedaría con mi bebé de tiempo completo hasta que encontrara algo acorde a mi nuevo estilo de vida.

Por suerte, la empresa mostró interés en que regresara y me apoyó con mi plan. Hasta hoy, no me he arrepentido de haber regresado. Tengo un horario laboral que me permite sacar los pendientes y cumplir con los objetivos durante el día, y disfrutar las tardes al lado de Bam Bam.

Creo que la clave para que funcione la combinación de trabajo y maternidad es dejar a un lado las culpas y estar cien por ciento segura de la decisión que se tomé, por lo menos en mi caso así ha sido. Claro que hay días difíciles o días en los que preferiría quedarme acostada a su lado o jugando por horas, pero es cuando recuerdo que fue una decisión que tomé, que es por el bien mío y de mi familia, veo su sonrisa, y eso me da fuerzas para seguir en este camino que elegí.

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4 comentarios to “Maternidad y trabajo”

  1. bubblescrap 29 diciembre, 2011 a 12:08 PM #

    En efecto, la combinación maternidad y trabajo con las prestaciones que nos dan en el país no combinan nadita, lo más importante como dices es que la familia tome la decisión que más les acomode y los haga sentir felices.Se requiere mucho valor para que a tu bebé lo cuide una nana, una guardería o cualquier familiar, nosotros teníamos pensado que la nena fuera a guardería pero cuando fuí no me gustaron algunos detalles que ví… más allá del que por ser muchos no los puedan atender con la velocidad y amor que una madre lo haría, así que con sólo 2 días antes de volver al trabajo armamos nuestro plan B y la nena está en casa con las personas mas amorosas y dispuestas del universo. Creo que como todo no hay que satanizar ninguna opción creo que a estas alturas si ya no pudieran ayudarme con el cuidado de la nena no descartaría del todo que fuera a una Guardería, creo que a estas alturas (15meses) ella expresaría si sufriera cualquier maltrato.Que gusto que en tu trabajo te pudieran apoyar con un nuevo horario, en mi caso esa parte no la podría aplicar ni tantito, espero mejor en algún momento encontrar algo con un horario mas decente :P… Aaaahhh pero ya no entendí cambiaste de nana verdad?

  2. jessvett 29 diciembre, 2011 a 1:47 PM #

    Te entiendo perfecto !!!…por que he estado en las mismas, yo gracias a Dios tuve a 2 cuñadas que me la cuidadon los primeros 3 meses, que regrese al trabajo, pero luego una ya no pudo y ya solo tengo a una y 2 dias muertos que una no trabajo y otro mi hermana me ayuda (pero ella tambien trabaja) por lo que todo es complicadoComo comenta bubblescrap, ta vez mas adelante me anime a la guarderia..pero hasta despues de que cumpla el año..

  3. Inphi 30 diciembre, 2011 a 7:16 AM #

    sacrificio y entereza. Madre admirable por donde se le vea.

  4. Zary 30 diciembre, 2011 a 8:06 AM #

    Gracias por compartir con nosotras tu experiencia. Historias como esta deberían ser el común denominador en todas partes.

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