"No seré comunicóloga"

31 Ene

 

Esta es la fachada de los departamentos donde viví
durante dos meses con una gran persona y amiga.

 

Estaba convencida que lo que estaba fallando era la escuela, pero el cúmulo de situaciones y decepciones me hicieron plantearme un cambio de licenciatura e, incluso, de universidad.

Un día, tras asistir a un autolavado de un alumno de Comunicación de la UIC, en donde leí un periódico hecho y escrito por los estudiantes de la universidad  y captar que en la mía no había nada similar para poner en práctica la teoría, decidí hablar con mis padres para plantearles la posibilidad de un cambio  de licenciatura y universidad. “Voy a estudiar Administración de la Industria Hospitalaria en el ESDAI”, dije.

Al ver mi preocupación y asombrado por mis palabras, pues desde pequeña tenía claro que me quería dedicar a los medios, mi papá habló con un amigo que tenía en Tv Azteca para que me diera un recorrido por las instalaciones y me platicara acerca de  la comunicación en la vida real, léase en el campo profesional.

 

Accedí y asistí con dos amigas a dicho recorrido. Todos se portaron sumamente amables, nos mostraron las oficinas, los sets de grabación y hasta el comedor de empleados; nos metieron de contrabando a la grabación de “Ventaneando” y de un noticiario que se transmite en otros países.

Al salir de ahí, hablé con mi papá. “No, papá, no es la carrera; definitivamente, es la escuela”, le dije. En ese momento, creo que volvió  a respirar.

A los pocos días, como parte de un trabajo final de la materia de periodismo, asistí a las oficinas de EXA para entrevistar a un “locutor”, cuyo nombre omitiré por pena ajena. Nos sentamos, preparamos la cámara para grabar la conversación, tal como lo había solicitado el profesor, y esperamos ansiosas al locutor para que nos hablara sobre su experiencia, sobre la importancia de los medios y su carrera.

“Pues bien, antes de iniciar, déjenme decirles que no estudié periodismo, tampoco comunicación, es más, no estudié nada; estoy aquí por azares del destino,  porque me ayudaron a colocarme y porque así es la vida…”, fueron las primeras palabras que mencionó y las últimas que escuché ,  porque a partir de  ese momento,  mis oídos, mente y todos los sentidos lo bloquearon.

Salí muy decepcionada del lugar. No podía creer cómo era posible que personas como él, y como muchas otras, tuvieran el poder de tener un micrófono y llegar a tantas personas  y que se sintieran con derecho de decir cualquier clase de estupideces al aire y, peor aún, cómo muchas personas los veían como líderes de opinión, o muchos “chavos” seguían sus consejos  y los veían como un ejemplo a seguir .

“No papá, definitivamente no puedo con esto; desgraciadamente  es una realidad, muchos de los que están en el medio es por suerte o influencias, no por preparación”, le dije al llegar a casa. Sin mucho qué decir para defender a esa bola de seudo comunicólogos, mencionó “adelante, si crees que es lo mejor para ti, haz el cambio”.

Al día siguiente y completamente decidida, llegué a la oficina del coordinador de carrera y antes de tomar asiento en su oficina le dije “Hugo, necesito que firmes mi baja cuanto antes”. Me miró fijamente y después se rió. “Estás jugando, ¿verdad?”, preguntó. “No, es lo más serio que he dicho desde que entré aquí; de verdad, no puedo con esto…” (y le conté mi amarga experiencia). Tras escucharme atento y darme la razón en varias cosas que puse sobre la mesa, me dijo “Ok, hagamos algo, prácticamente es verano, aprovecha y véte a España a tomar un diplomado en Televisión Española, es impartido por verdaderos profesionistas y gente activa, si cuando regreses me dices que no es tu profesión, inmediatamente te firmo la baja, ¿trato?”.

Lo medité toda la tarde y en la noche hablé con mi padre sobre el tema. Un poco dudoso, accedió.

Llegó el día. En el aeropuerto ya me esperaba mi mejor amiga, quien había decidido unirse al plan. Los nervios me invadían, nunca había viajado a Europa, y no sabía si ese viaje cambiaría mi vida por completo o reafirmaría mi vocación . Lloré como si fuera a dejar de ver toda la vida a mis papás y a mi entonces novio.
Con nariz de reno y ojos de sapo, documenté mi equipaje, me despedí y me dirigí con mi amiga a la sala de abordaje.

Ya en el avión, leí un poco, jugué sudoku, comí, volví a comer, vi una película, me dormí, desperté, imaginé España y los países que conocería tras finalizar el diplomado y así pasaron las horas hasta que la sobrecargo anunció que habíamos llegado a nuestro destino.

Cuando salimos del metro, con todo y maletas gigantes, mi amiga, quien ya había estado en Madrid, me dijo muy segura “vente, es por acá, nos dijeron que nos bajáramos en esta estación y camináramos dos cuadras, estamos muy cerca”.  Una, dos, tres… no sé cuántas cuadras y no encontrábamos la dirección de los departamentos donde viviríamos dos meses.

Ni el cansancio del viaje, el cambio de horario y las grandes maletas que tuvimos que cargar opacaron mi emoción. Cual niña chiquita, miraba todo a mi alrededor. No podía creer que estábamos en otro continente, que la gente hablara nuestro idioma y que todo fuera mejor de lo que había imaginado.

Fueron dos de los mejores meses de mi vida. Comí jamón serrano hasta cansarme, aprendí a moverme por todo Madrid casi con los ojos cerrados, visité museos, parques, restaurantes, bares y antros, conocí las instalaciones de Televisión Española, disfruté al máximo mi diplomado, valoré todo lo que tenía en casa, aprendí lo que era convivir 24 horas del día con alguien ajeno a mi familia, aproveché mis fines de semana y viajé a lugares cercanos, como Barcelona y Llanes, aprendí para qué servía una lavadora y que la ropa de color no se mezcla con la blanca, que más vale administrar bien el dinero cuando aún eres dependiente y no tienes a tus papás cerca, que sólo las verdaderas amistades sobreviven a una convivencia diaria, las 24 horas, durante 2 meses; que “salir de marcha” no tiene el mismo significado en España y en México, que si eres fumador y vas a viajar a Europa, más vale llevar una buena dotación desde acá, y que el acento español pegajoso, lo pierdes al llegar a tu tierra, entre muchas cosas más.

Me divertí, lloré, aprendí y, sobre todo, confirmé que no me había equivocado al elegir la carrera que quería estudiar. Gracias a las muchas experiencias que viví durante mi estancia en España, Madrid es hoy por hoy mi ciudad favorita, y ese ha sido uno de mis mejores viajes.

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6 comentarios to “"No seré comunicóloga"”

  1. Ana Laura 1 febrero, 2012 a 1:13 AM #

    Qué bien que el viaja haya servido para reafirmar tu vocación =) Aquí una de las que ha estado varias veces en puestos para los que se ha preparado… nunca por palanca mas bien por capacidad eso si lo puedo presumir XD pero definitivo es mucho mas difícil desenvolverte en un medio que desconoces. =S

  2. Ethel 1 febrero, 2012 a 3:47 AM #

    Quiero llorar!! Jaja, soy locutora y tampoco estudié nada alusivo a… soy ingeniero químico y locutora desde los 15 años (bueno, a esa edad inicié y por un casting en una radiodifusora de un pueblo pequeño). Aún así, trato de documentarme en la profesión a la cual me dedico (no descarto algún día ejercer la ingeniería), pero tienes razón, muchos de los comunicadores no tienen la más remota idea de cómo ejercer ni les interesa la responsabilidad que se tiene ante un micrófono. Saludos!!

  3. in phidelio 1 febrero, 2012 a 4:01 AM #

    Bueno, Madrid impresiona mientras uno no conoce Londres. Y TV Azteca es la ley mientras no se mete uno a los demás medios. Me queda claro que eres brillante en la carrera y que necesitabas un viaje así para convencerte, pero también para hacerte guey a mi suegro. Te amo

  4. Jazmin Flores 5 febrero, 2012 a 4:44 PM #

    No tengo idea si hubieras cambiado de carrera tendrías este blog, yo encantada de que lo hayas hecho y de que pueda leerte, que bueno que tuviste ese viaje y que tienes la oportunidad de ejercer la carrera que te gusta y que personas como yo podemos leerte y compartir contigo. Gracias. 🙂

  5. Ishamommy 6 febrero, 2012 a 5:56 PM #

    Creo siempre en las señales, me cuesta aún confiar en ellas. Pero por la vida nos encontramos pequeños mensajes que nos llevan al lugar donde debemos estar y de donde debemos aprender, muy bien aprovechado ese viaje. Eres muy afortunada por tener un trabajo que te gusta y vivir la vida que tú decidiste vivir.Mi esposo por ejemplo es conductor y el no estudio nada relacionado, él es actor y quedó ahí justo por eso. Algunas veces estudiamos algo y nos dedicamos a otra cosa completamente diferente. Lo importante es hacer el trabajo que nos haga felices :)) muchos abrazos!

  6. Cornelius 4 septiembre, 2014 a 4:15 PM #

    Oye yo soy comunicologo que tipo de maestria me recomiendas para estar mas preparado

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