My Name is Khan

12 Ago
Siempre he pensado que la primaria es una de las etapas escolares más divertida, de mayor aprendizaje e importante en la formación de un niño, pero también la más cruel.
En esos años, sobre todo los primeros, es cuando los pequeños están más receptivos a cualquier comentario, bueno o malo, especialmente si viene de sus compañeros o de alguien a quien aprecian o admiran, como los padres.
Algo con lo que nunca he estado de acuerdo es con los regaños públicos y, a mi parecer, algunas profesoras en ocasiones confunden su rol y se sienten con derecho de ridiculizar al alumno frente al grupo. Lo mismo sucede con ciertas mamás y, aunque la mayoría de las veces es inconsciente, igual lastiman y dañan la autoestima del niño.
Un ejemplo es la historia de Jeremy Wade Delle que, independiente al tema de las armas y su legalización en Estados Unidos, se puede ver claramente lo que unas palabras pueden causar en un pequeño.
Estar en una comida y que tus papás digan “ya ves, tu primo fulanito va muy bien en la escuela” es de los peores comentarios que como niño puedes escuchar. Recuerdo perfecto que a mi papá le encantaba compararme con un primo y, a la vez, su padre se enorgullecía al decir que en la escuela de su hijo llevaban un temario más adelantado que el de la mía. Eso, lejos de “alentarme”, generaba que odiara a mi primo. No está de más decir que el tal primito sabelotodo terminó la carrera dos años después que yo y consiguió empleo en cuatro.
Esto viene a colación porque anoche lloré como magdalena durante casi tres horas al ver una película que mi suegro tuvo a bien regalarme, “My Name is Khan”. Todo el largometraje está lleno de mensajes, pero la historia particular del protagonista me puso a pensar mucho. 

Quizá un poco rosa para algunos, pero me pareció excelente, sobre todo para verla en familia, con hijos de 7 u 8 años en adelante.

En ésta se plasma la importancia de la amistad, de las palabras que pronunciamos y las promesas que hacemos, así como la discriminación, el trabajo en equipo, el ejemplo que como adultos damos a los más pequeños y la presión social. Muestra una realidad clara. A veces es muy fácil juzgar a una persona y etiquetarla sin pensar en el daño que nuestras palabras pueden causar, no sólo por lo que decimos en sí, si no por el contexto e historia personal de cada individuo. 
 
Yo sé que el título no es muy atractivo, pero, en verdad, quienes no la hayan visto, cómprenla o réntenla, pero véanla ya. Es entretenida, divertida y en tramos dramática, claro, con un toque fantasioso y utópico.
Y, por favor, cuiden las palabras que pronuncian delante de un niño.
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3 comentarios to “My Name is Khan”

  1. inphidelio.com 13 agosto, 2012 a 3:17 PM #

    A veces, ser esponjas no siempre es bueno. Pero no por la naturaleza de la esponja, sino por el daño que, como bien se menciona aquí, se puede causar. Los niños, en ese sentido, son los más receptivos y quienes pueden adquirir cualquier clase de trauma en caso de que el regaño o el desplante sea fuerte. Coincido en no ridiculizar a nadie, especialmente en público, aunque en privado las palabras también pueden hacer mucho daño. Debo ver la película, debo, debo, debo.

  2. El suegro 14 agosto, 2012 a 8:33 AM #

    Excelente Reflexion. Me encanta cuando con toda serenidad reflexionas, analizas y concluyes. Le haz encontrado una arista excelente a esta bella pelicula y tu propuesta y recomendacion es muy digna de considerarse.Esta pelicula es acerca del ser humano, de los prejuicios, sobre la equidad y el amor, sobre la justicia, sobre la pureza de los niños y esos otros seres que a veces marginamos "soportados" en algun prejuicio.Tienes razon al decir y prevenir sobre el cuidado que hay que tener al comunicarnos con un niño…. Es igualmente valido al hacerlo con los no tan niños…las palabras bien usados son una belleza…mal usadas un dardo…una arma. Una palabra mal usada no se borra…es como una hoja de papel que arrugamos, por mas que la alisemos estara siempre arrugada. felicidades

  3. Zary 24 agosto, 2012 a 3:13 AM #

    De acuerdo, las palabras son una espada de doble filo, así que tenemos que tener mucho cuidado de que decimos a nuestros hijos. Tienes premio en mi blog!! Besos!!

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