No molestar, mamá concentrada

8 Ago

Convertirte en madre no genera sólo un cúmulo de emociones positivas, incluye una serie de cuestionamientos y dudas, desde el típico ¿cómo le voy a hacer? hasta, como en mi caso, ¿regresaré a trabajar o no?

Quienes decidimos hacerlo, y, además, somos pro lactancia, nos enfrentamos a otras muchas interrogantes, entre ellas ¿fórmula o no mientras estoy en la oficina?

Desde que tuve a mi primer bebé, decidí amamantarlo, cosa que antes jamás me pasó por la cabeza. Y eso no es todo, me convertí en defensora absoluta de la lactancia, pues a medida de que pasaba el tiempo e investigaba, me convencí de que era lo mejor para él y para mí.

Una de las reglas básicas para que las mamás trabajadoras logremos y mantengamos una lactancia exitosa es extraer cada tres o, máximo, cuatro horas, pues así sigues estimulando la producción. Eso equivale a extraerte dos veces durante tu jornada laboral, aproximadamente. Y eso sería realmente fácil si tuviéramos las condiciones; sin embargo, la realidad es otra.

El baño de mujeres se convierte en muchos casos en la sala de lactancia, y en el mío no fue la excepción. Sí, el sitio más insalubre e incómodo se transforma durante meses en la sala personal de las mamás que deseamos darle leche materna a nuestros bebé.

En mi caso, el primer problema con el que me topé fue que mi extractor era eléctrico y ¡oh sorpresa! en el baño de mujeres (y no sé si en el de hombres) no hay enchufe a la corriente eléctrica, así que ya se imaginarán lo que tuve que invertir en pilas y pilas y más pilas a lo largo de casi ocho meses que amamanté a mi primer bebé.

Eso, entre otras incomodidades, como estar extrayendo y que tus compañeras toquen a la puerta, que digan: “¿Está ocupado?” con tono molesto o que de plano el olor del baño sea insoportable son sólo algunas de las peripecias de las mamás trabajadoras que tenemos que acudir al baño en busca de un rincón especial.

Tras haber pasado esos ocho meses, llevar siete con mi nueva bebé y haber visto a cuatro compañeras que han acogido el baño como su sala de lactancia, me encantaría hacer un llamado a las empresas de México y recordarles que existimos, y, sobre todo, que necesitamos áreas especiales y acondicionadas para este fin.

Mi respeto y reconocimiento a toda las mamás que, como yo, logran lactar más allá de los seis meses de sus bebés, con todo y los obstáculos que a veces se presentan.

Así que, mujeres, cuando entren a un baño y escuchen una bomba o extractor funcionar, ya saben qué hacer: “NO MOLESTAR”.

Firma

Post replicado de Diarios en Tacones

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