Una princesa corriendo

11 May

Mis recuerdos de la clase de educación física en la primaria, secundaria y prepa se resumen a una imagen: yo, sentada en el patio, junto a alguna amiga o amigas. Cuando de formar equipos para jugar básquet o futbol se trataba, era la última en ser elegida. Tod@s sabían que el deporte y yo no éramos precisamente buenos amigos. Es más, le tenía pavor a los balones. Y de correr, ni hablemos. Apenas caminaba unos 30 metros y empezaba con un dolor de caballo insoportable. De hecho, muchas veces mis profesores me mandaron trabajos de investigación o hasta maquetas para no reprobarme, pues se dieron cuenta que era un caso perdido.

Mis papás tampoco destacaron por ser las personas que más se ejercitaban en la vida. Ah, pero eso sí, el doc cada que tenía oportunidad me decía “ponte a hacer ejercicio”. Yo creo que de ahí mi odio a cualquier actividad física, excepto la danza. Esa sí era cosa aparte, pues como buena niña con sangre de artista, siempre me encantó todo lo que tuviera que ver con baile, con pararme en un escenario y recibir aplausos. Eso sí era de princesas, el ejercicio no.

Así que durante muchos años lo único que hice fue ballet, jazz, danza árabe e intentos frustrados de ir al gym con mi hermana. De esa época, me acuerdo perfecto cuando llegábamos al gym, el instructor nos ponía una rutina y yo me hacía súper wey mientras la pobre de mi hermana sudaba la gota gorda haciendo a cabalidad cada ejercicio, y, en cuanto me era posible, encontraba un pretexto y la dejaba sola en la misión.

Claro, eso sí, pregúntenme sobre dietas y me conozco todas. La de la sopa milagrosa, el jugo de las estrellas, de las manzanas, pronokal, kot, asteriscos y varios etcéteras. Sí, me encantaba estar “en forma”, pero de manera fácil y rápida.

Hace casi un año, Luis comenzó a correr como una manera de despejarse y liberarse, lo cual me parecía lo más aburrido del mundo. Es más, lo veía como un sacrificio. Como por qué levantarse temprano para ir a correr, ¿en dónde está lo padre o liberador? Eso sí, compartía sus logros y los festejaba, pero hasta ahí. Sumarme ¿yo? ¡ni loca! Es más, lo intenté justamente en un viaje que hicimos para celebrar mis tres décadas de vida y no avancé ni 3 metros cuando decidí que era mejor esperarlo tirada en el pasto.

Así, hasta que llegaron los 30, esa edad que veía tan lejos en mi calendario, pero finalmente me alcanzaron y con dos hijos. Un día desperté con el gusanito. ¡Quiero ir con un coach para hacer ejercicio!, le dije a Luis. Y más tardé en expresarlo que en hacer cita con Alberto, a quien me habían súper recomendado. Fui, me puso una dieta y una rutina de gimnasio. Pequeño problema, las pesas me parecían de lo más aburrido del mundo, pero bueno, ya estaba en el camino y debía intentarlo.

Para mi sorpresa, todo se fue dando fácil y en menos de tres semanas yo ya esperaba ansiosa la hora de ir al gym. Claro, el comenzar a ver resultados motiva, y mucho. De repente, platicando con una amiga y compañera de trabajo, Silvia, salió la idea de inscribirnos a una carrera. No sé si fue el ver a Luis correr a mi lado mientras yo hacía mis caminatas como parte del ejercicio de cardio que me había marcado Alberto, ver numeritos que se iban sumando en la app de Nike+, el querer liberarme o qué pero me dieron ganas de correr. Empecé con 3 km, haciendo pausas, seguí con 4, sin parar, y después, 5 consecutivos.

Una noche le mandé mensaje a Silvia, ¿y si nos inscribimos a una carrera?. Aún no me contestaba y yo ya había dado de alta nuestros datos en la página de Bonafont. A los dos días, nos inscribimos también a la de Huellas y decidimos que así comenzaríamos nuestro 10 de mayo.

images

Para mí, un reto en toda la extensión de la palabra. No sólo se trataba de recorrer 5 km sin parar en la calle, donde nunca lo había hecho, sino se trataba de demostrarme a mí misma que era capaz de cualquier cosa que me propusiera, por imposible que sonara para mis límites y con mis antecedentes.


Mi despertador sonó a las 5:15 de la mañana después de una noche de múltiples despertares. Lo apagué, me quedé 5 minutos más mirando el reloj, con miedo, pero mucha emoción. Me bañé, me vestí y manejé hasta el punto que habíamos fijado para vernos Silvia y yo. Muertas de risa porque no sabíamos ni cómo colocar el número en la playera, tomamos un taxi rumbo a Reforma, nos burlamos de nosotras mismas y también nos animamos.

 image1

Ver a personas vestidas igual que tú caminar hacia un mismo punto de partida es una sensación indescriptible, el ánimo se contagia. Todos de rosa, calentaban en diferentes puntos, de distintas maneras, toda la gente a nuestro alrededor se veía segura, confiada, comentando sus tiempos. Nosotras, sólo teníamos claro que queríamos llegar a la meta, sin importar el tiempo o la forma. “Aunque sea en el camioncito, pero llegamos”. Sólo se trataba de dejar huellas.

Dieron el banderazo de salida y pensé ¿qué estoy haciendo? Los primeros metros fueron más que pesados para mí. ¡Vaya que es diferente correr en banda! No sé si por la emoción colectiva y el ver a la gente pasar a tu lado imprimes velocidad a tus pasos, pero mi aplicación apenas marcaba 28 metros y yo ya quería que eso acabara. Respiré, decidí bajar un poco la velocidad y disfrutar hasta donde pudiera.

image2

Cerca de los 3 kilómetros, ya me había mentalizado para caminar, pero se cruzó en mi camino un chico corriendo en muletas, con una pierna, y me inyectó energía hasta el 4, cuando vi la meta de lejos y juré que estábamos a punto de cruzarla, pero para mi sorpresa aún faltaba un buen tramo por recorrer. En todo el trayecto, volteaba a ver de reojo a Silvia, y su entereza y seguridad me daban ánimos para seguir. Sin duda, ella fue clave para que cumpliera mi reto, al igual que los mensajes de aliento de Luis o la sonrisa de mis hijos en mi mente, justo el Día de las Madres.

image4

38 minutos fue lo que nos llevó correr 5 kilómetros, quizá muchísimo para cualquier corredor experimentado, pero para mí representó satisfacción, triunfo, alegría, emoción e inyección de energía para lo que venga….

descarga

Firma

Anuncios

Una respuesta to “Una princesa corriendo”

  1. Eiza 23 noviembre, 2016 a 3:08 PM #

    Jajaja, que bueno que no llegaste en camioncito! Yo lo más que he corrido son 5 kms en 30 mins en carrera nocturna de búhos de Facultad de Derecho y no te imaginas la sensación de entrar a correr tu último tramo entrando al Estadio Olímpico…es de lo mejor que he vivido en cuanto a logros deportivos , eso y darle tu medalla a tus hijos y tomar la foto junto con mi esposo que también corrió.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: